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Nuestro entusiasmo por la tecnología digital, de la que apenas sabemos nada y sobre la que tenemos poco control, no nos conduce hacia una mayor capacidad de acción, sino hacia una menor... Hemos cedido el desarrollo de una nueva era tecnológica a una pequeña élite que se ha apoderado de la capacidad que se le ofrece. Pero mientras que los reyes del Renacimiento mantuvieron por la fuerza su monopolio sobre la imprenta, la élite actual depende de poco más que nuestro propio desinterés.