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  • Toda historia es imperfecta, toda historia está sujeta a cambios. Incluso una vez impresa, entre las tapas de un libro, una historia no es inmune a las alteraciones. La gente puede seguir contándola a su manera, recordándola como quiera. Y en cada narración puede cambiar el final, o incluso el principio. Inevitablemente, en algunos casos será peor, y en otros puede que sea mejor. Al fin y al cabo, una historia no sólo pertenece a quien la cuenta. Pertenece, en igual medida, a quien la escucha.