-
La fotografía no tiene piedad, aunque no tiene sentido decir que no miente. Más bien, miente de una manera particular y caprichosa que convierte en mendigos a los ministros y en dioses a los hombres de carne de gato.
La fotografía no tiene piedad, aunque no tiene sentido decir que no miente. Más bien, miente de una manera particular y caprichosa que convierte en mendigos a los ministros y en dioses a los hombres de carne de gato.