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Día y noche intento, en mi estudio con sus seis soles de dos mil vatios, balancearme entre los extremos de lo imposible, desprender lo real de lo irreal, dar cuerpo a las visiones, penetrar en transparencias desconocidas.
Día y noche intento, en mi estudio con sus seis soles de dos mil vatios, balancearme entre los extremos de lo imposible, desprender lo real de lo irreal, dar cuerpo a las visiones, penetrar en transparencias desconocidas.