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  • En última instancia, "¿cómo te va?" es la más fútil y la más profunda de las preguntas. Para responderla con precisión, habría que hacer un escrupuloso inventario de la propia psique, considerando cada aspecto en detalle. No importa: hay que decir "bien" por cortesía y urbanidad y cambiar de tema, o bien rumiar la pregunta durante toda la vida y reservar la respuesta para después.

    Pascal Bruckner (2011). “Perpetual Euphoria: On the Duty to Be Happy”, p.19, Princeton University Press