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  • Los humanos no pueden volar, pero pueden tener la sensación de volar. Sólo tienen que salir por la noche a una tormenta salvaje en la que los truenos rugen como aplausos y los relámpagos se lanzan en dagas de luz a sus pies descalzos y de repente descubren que no tienen miedo.

    Hilary McKay (2007). “Caddy Ever After”, p.35, Simon and Schuster