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  • Aquí yace sepultado en la eternidad del pasado, de donde no hay resurrección para los días -lo que pueda haber para el polvo- el trigésimo tercer año de una vida mal empleada, que, tras una persistente enfermedad de muchos meses, se hundió en un letargo y expiró el 22 de enero de 1821, dejando un sucesor inconsolable por la misma pérdida que ocasionó su existencia.