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Si el hombre se saliera con la suya, el plan de redención sería un conflicto interminable y sangriento. En realidad, la salvación no fue comprada por el puño de Jesús, sino por sus manos atravesadas por los clavos; no por el músculo, sino por el amor; no por la venganza, sino por el perdón; no por la fuerza, sino por el sacrificio. Jesucristo nuestro Señor se rindió para poder vencer; destruyó a sus enemigos muriendo por ellos y venció a la muerte permitiendo que la muerte le venciera a Él.