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Puede decirse que el poder de impedir las malas leyes incluye el de impedir las buenas, y que puede usarse tanto para un propósito como para el otro. Pero esta objeción tendrá poco peso para aquellos que puedan estimar adecuadamente los males de esa inconstancia y mutabilidad en las leyes, que forman la mayor mancha en el carácter y el genio de nuestros gobiernos.