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  • El descrédito en que han caído los moralistas se debe en el fondo a que no han sabido ver que en una época como la actual la función del moralista no es exhortar a los hombres a ser buenos, sino dilucidar qué es el bien. El problema de las sanciones es secundario.

    Walter Lippmann, Clinton Rossiter, James Lare (1982). “The Essential Lippmann: A Political Philosophy for Liberal Democracy”, p.483, Harvard University Press
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