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Cualquiera que sea el juicio pronunciado sobre la competencia de los arquitectos de la Constitución, o cualquiera que sea el destino del edificio preparado por ellos, me siento en el deber de expresar mi profunda y solemne convicción... de que nunca hubo una asamblea de hombres, encargados de una gran y ardua misión, que fueran más puros en sus motivos, o más exclusiva o ansiosamente dedicados al objeto que se les encomendó.