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Nosotros, que vivimos en prisión, y en cuyas vidas no hay más acontecimiento que el dolor, tenemos que medir el tiempo por latidos de dolor, y el registro de momentos amargos.
Nosotros, que vivimos en prisión, y en cuyas vidas no hay más acontecimiento que el dolor, tenemos que medir el tiempo por latidos de dolor, y el registro de momentos amargos.