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Las monarquías, las aristocracias y las religiones se basan en ese gran defecto de vuestra raza: la desconfianza del individuo hacia su prójimo y su deseo, por seguridad o comodidad, de quedar bien ante los ojos de su vecino. Estas instituciones siempre permanecerán, y siempre florecerán, y siempre os oprimirán, os afrentarán y os degradarán, porque siempre seréis y seguiréis siendo esclavos de las minorías. Nunca hubo un país donde la mayoría de la gente fuera en sus corazones secretos leal a cualquiera de estas instituciones.