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  • Donde comienza el bien: allí donde el pobre poder del ojo ya no puede ver el impulso malo como tal porque se ha vuelto demasiado sutil, el hombre plantea el reino del bien; y la sensación de que ahora hemos entrado en el reino del bien excita todos aquellos impulsos que habían sido amenazados y limitados por los impulsos malos, como el sentimiento de seguridad, de consuelo, de benevolencia. De ahí que cuanto más embotado está el ojo, más extenso es el bien. De ahí la eterna alegría del pueblo llano y de los niños. De ahí la melancolía y la tristeza -parecidas a la mala conciencia- de los grandes pensadores.

    Friedrich Nietzsche (2010). “The Gay Science: With a Prelude in Rhymes and an Appendix of Songs”, p.115, Vintage