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La verdadera pregunta es si podemos aprender algo de nuestras experiencias sobre lo que podamos crecer y ayudar a otros a crecer a semejanza e imagen de Dios. Sabemos que si nos rebelamos contra lo que es razonablemente posible para nosotros, seremos penalizados. Y seremos igualmente penalizados si presumimos en nosotros mismos una perfección que simplemente no existe. Aparentemente, el camino de la humildad relativa y del progreso tendrá que situarse en algún punto entre estos extremos. En nuestro lento progreso para alejarnos de la rebelión, la verdadera perfección está sin duda a varios milenios de distancia