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  • Poco me importa la existencia de un cielo o un infierno; el respeto a mí mismo no me permite guiar mis actos con la vista puesta en la salvación celestial o el castigo infernal. Persigo lo bueno de la vida porque es bello y me atrae; y rehuyo lo malo porque es feo y repulsivo. Todos nuestros actos deben originarse en el manantial del amor desinteresado, haya o no continuación después de la muerte.