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  • La pobreza más profunda es la incapacidad de alegría, el tedio de una vida considerada absurda y contradictoria. Esta pobreza está hoy muy extendida, bajo formas muy diferentes, tanto en los países materialmente ricos como en los pobres. La incapacidad de la alegría presupone y produce la incapacidad de amar, produce los celos, la avaricia - todos defectos que devastan la vida de los individuos y del mundo. Por eso tenemos necesidad de una nueva evangelización: si el arte de vivir sigue siendo un desconocido, nada más funciona... este arte sólo puede ser comunicado por [uno] que tiene la vida: aquel que es el Evangelio personificado.