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Cada mañana debemos tender el cáliz de nuestro ser para recibirlo, llevarlo y devolverlo. Hay que sostenerlo vacío, porque el pasado sólo debe reflejarse en su pulido, su forma, su capacidad.
Cada mañana debemos tender el cáliz de nuestro ser para recibirlo, llevarlo y devolverlo. Hay que sostenerlo vacío, porque el pasado sólo debe reflejarse en su pulido, su forma, su capacidad.