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  • Comienzo cada día con la Santa Misa, recibiendo a Jesús escondido bajo la apariencia de un simple trozo de pan. Luego salgo a la calle y encuentro al mismo Jesús escondido en los indigentes moribundos, los enfermos de sida, los leprosos, los niños abandonados, los hambrientos y los sin techo. Es el mismo Jesús.