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Mientras no faltó el liderazgo desde arriba, el pueblo cumplió con su deber y obligación de forma abrumadora. Ya se tratara de pastores protestantes o de sacerdotes católicos, tanto juntos como especialmente en la primera llamarada, en ambos campos no existía realmente más que un único y santo Reich alemán, por cuya existencia y futuro cada hombre se dirigía a su propio cielo.