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El patriota, como el cristiano, debe aprender a soportar injurias y persecuciones como parte de su deber; y en la medida en que la prueba es severa, la firmeza bajo ella se hace más necesaria y loable. Requiere, en efecto, autocontrol. Pero éste se fortalecerá en la medida en que se repitan las llamadas a ejercitarlo.