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Si sólo fueran unos pocos grados, sería grave, pero podríamos adaptarnos a ello. Pero el peligro es que el proceso de calentamiento sea inestable y se desboque. Podríamos acabar como Venus, cubiertos de nubes y con una temperatura superficial de 400 grados. Podría ser demasiado tarde si esperamos a que los malos efectos del calentamiento sean evidentes. Necesitamos actuar ya para reducir las emisiones de dióxido de carbono.