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Nuestra civilización está presa de una ideología: el corporativismo. Una ideología que niega y socava la legitimidad del individuo como ciudadano en una democracia. El desequilibrio particular de esta ideología conduce a un culto del interés propio y a una negación del bien público. Los efectos prácticos sobre el individuo son la pasividad y el conformismo en las áreas que importan, y el inconformismo en las áreas que no importan.