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En realidad, nunca hemos tenido privacidad absoluta con nuestros registros o nuestras comunicaciones electrónicas: los organismos gubernamentales siempre han podido acceder a ellos con las órdenes judiciales pertinentes.
En realidad, nunca hemos tenido privacidad absoluta con nuestros registros o nuestras comunicaciones electrónicas: los organismos gubernamentales siempre han podido acceder a ellos con las órdenes judiciales pertinentes.