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El don del Espíritu Santo, que se nos otorga cuando somos confirmados, nos da la capacidad de discernir la diferencia entre las formas de dar del reino de Dios y las prácticas de tomar del mundo.
El don del Espíritu Santo, que se nos otorga cuando somos confirmados, nos da la capacidad de discernir la diferencia entre las formas de dar del reino de Dios y las prácticas de tomar del mundo.