-
Nuestro Señor nunca condenó a la higuera porque diera tantos frutos que algunos cayeran al suelo y se echaran a perder. Sólo la maldijo cuando era estéril.
Nuestro Señor nunca condenó a la higuera porque diera tantos frutos que algunos cayeran al suelo y se echaran a perder. Sólo la maldijo cuando era estéril.