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No dudo de que todos los que han recibido el Bautismo en cualquier lugar y de quienquiera que sea, lo tienen, siempre que haya sido consagrado con las palabras del Evangelio y lo hayan recibido sin fingimiento por su parte y con cierto grado de fe. Sin embargo, de nada les serviría para su salvación espiritual si carecieran de aquella caridad por la que pudieran ser implantados en la Iglesia católica.