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La piel desnuda es el único criterio correcto para recibir la graciosa aceptación del agua o cualquier aceptación de ese elemento. Pero Plinio también parece decir algo más: Despojarse no de la cautela, sino de las ropas rancias y crujientes de la preconcepción, pelarse sensatamente hasta la desnudez cruda y nueva, es la única manera de entrar y ser abrazado adecuadamente por el mundo.