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  • La felicidad de la vida consiste, como el día, no en destellos únicos (de luz), sino en una suave serenidad continua. El período más hermoso de la existencia del corazón es esta luz tranquila y ecuánime, aunque sólo sea luz de luna o crepúsculo. Ahora bien, sólo la mente puede conseguirnos esta alegría y paz celestiales.