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La gramática inglesa es tan compleja y confusa por la sencilla razón de que sus reglas y terminología se basan en el latín, una lengua con la que tiene muy poco en común. En latín, por ejemplo, no es posible dividir un infinitivo. Por eso, las primeras autoridades decidieron que en inglés tampoco debería ser posible dividir un infinitivo. Pero no hay ninguna razón para no hacerlo, como tampoco la hay para renunciar al café instantáneo y a los viajes en avión porque no estuvieran al alcance de los romanos.