-
El corazón humano es el primer hogar de la democracia. Es donde abrazamos nuestras preguntas: ¿Podemos ser equitativos? ¿Podemos ser generosos? ¿Podemos escuchar con todo nuestro ser, no sólo con nuestra mente, y ofrecer nuestra atención en lugar de nuestra opinión? ¿Y tenemos suficiente determinación en nuestros corazones para actuar con valentía, sin descanso, sin rendirnos, confiando en que nuestros conciudadanos se unan a nosotros en nuestra decidida búsqueda de una democracia viva?