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Pensó en los dos últimos años: el aburrimiento, la estrechez de la existencia, la falta de algo que esperar. Pero ahora, en un instante, las cortinas se habían corrido y las ventanas se habían abierto de par en par a una vista brillante que había estado allí, esperándola, todo el tiempo. Una vista, además, cargada de las más maravillosas posibilidades y oportunidades.