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Si todo lo que conocemos de la mente es el aspecto de la mente que se disuelve cuando morimos, nos quedaremos sin idea de lo que continúa, sin conocimiento de la nueva dimensión de la realidad más profunda de la naturaleza de la mente. Así que es vital que todos nos familiaricemos con la naturaleza de la mente mientras aún estamos vivos. Sólo entonces estaremos preparados para el momento en que se revele espontánea y poderosamente en el instante de la muerte; seremos capaces de reconocerla "tan naturalmente", dicen las enseñanzas, "como un niño que corre al regazo de su madre"; y permaneciendo en ese estado, seremos finalmente liberados.