Autores:
  • Abandono mi ansiedad y mi sentido de urgencia. Permito que Dios me guíe en el ritmo de mi vida. Abro mi corazón al tiempo de Dios. Libero mis plazos, agendas y estridencias al ritmo suave, aunque a menudo rápido, de Dios. Cuando abro mi corazón al despliegue de Dios, mi corazón alcanza la paz. Cuando me relajo en el tiempo de Dios, mi corazón se reconforta. Cuando permito que Dios marque el tono y el horario de mis días, me encuentro en el momento y el lugar adecuados, abierto y disponible para las oportunidades de Dios.

    Julia Cameron (1997). “Heart Steps”, p.48, Penguin