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No se conoce ninguna sociedad en la que no se encuentre una criminalidad más o menos desarrollada bajo diferentes formas. No existe pueblo alguno cuya moralidad no sea diariamente infringida. Debemos, pues, calificar el crimen de necesario y declarar que no puede ser inexistente, que las condiciones fundamentales de la organización social, tal como se entienden, lo implican lógicamente.