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Los ateos no odian a las hadas, los duendes o los unicornios porque no existen. Es imposible odiar algo que no existe. Los ateos -como los expertos en pintura odiaban al pintor- odian a Dios porque existe.
Los ateos no odian a las hadas, los duendes o los unicornios porque no existen. Es imposible odiar algo que no existe. Los ateos -como los expertos en pintura odiaban al pintor- odian a Dios porque existe.