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Una roca o una piedra no es un tema que, por sí mismo, pueda interesar a un filósofo para su estudio; Pero, cuando llega a ver la necesidad de esos cuerpos duros, en la constitución de esta tierra, o para la permanencia de la tierra en la que habitamos, y cuando encuentra que hay medios sabiamente proporcionados para la renovación de esta necesaria parte en descomposición, así como la de cualquier otra, entonces, con placer, contempla esta manifestación de diseño, y así conecta el sistema mineral de esta tierra con aquel por el cual los cuerpos celestes son hechos para moverse perpetuamente en sus órbitas.