Autores:
  • Si eres bendecido con grandes fortunas. . puedes amar tu destino. Pero tu destino nunca te garantiza la seguridad de esas grandes fortunas. En cuanto te das cuenta de tu impotencia a merced de tu destino, vuelves a desesperarte. Así pues, el odio al destino puede generarse no sólo por las desgracias, sino también por las grandes fortunas. Tu odio al destino es al mismo tiempo tu odio a ti mismo. Te odias a ti mismo por estar tan indefenso bajo el poder aplastante del destino.