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Las mujeres de un hombre, cualquiera que sea su muestra externa de respeto por su mérito y autoridad, siempre lo consideran en secreto como un asno, y con algo parecido a la lástima. Sus dichos y hechos más llamativos rara vez las engañan; ven al hombre real en su interior, y lo conocen como un tipo superficial y patético. Tal vez en este hecho radique una de las mejores pruebas de la inteligencia femenina o, como se dice vulgarmente, de la intuición femenina.