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Debéis saber traducir las indicaciones de la Palabra en testimonio cotidiano, dejándoos formar por la Palabra que, como semilla sembrada en tierra buena, da fruto abundante. Así permaneceréis dóciles al Espíritu y creceréis en unión con Dios, cultivaréis la comunión fraterna entre vosotros y estaréis dispuestos a servir generosamente a los hermanos, especialmente a los más necesitados.