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El Paraíso tenía cuatro ríos que regaban la tierra.... y aunque muchos los descuiden, alegran la ciudad de Dios. Así Bernard dulcemente: La vida eterna nos es concedida en la elección, prometida en nuestra vocación, sellada en nuestra justificación, poseída en nuestra glorificación. Concluye, pues, fielmente a tu propia alma. Creo, luego soy justificado; soy justificado, luego soy santificado; soy santificado, luego soy llamado; soy llamado, luego soy elegido; soy elegido, luego seré salvo. ¡Oh! consuelo asentado de alegría, que diez mil demonios nunca anularán.