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El amor de Dios no distingue entre el bebé en el vientre de la madre o el niño o el joven o el adulto o la persona mayor. En cada uno ve Dios su imagen y semejanza. La vida humana es una manifestación de Dios y de su gloria.
El amor de Dios no distingue entre el bebé en el vientre de la madre o el niño o el joven o el adulto o la persona mayor. En cada uno ve Dios su imagen y semejanza. La vida humana es una manifestación de Dios y de su gloria.