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Se debe a la justicia; se debe a la humanidad; se debe a la verdad; se debe a las simpatías de nuestra naturaleza; en fin, a nuestro carácter como pueblo, tanto en el extranjero como en casa, que deben ser considerados, en la medida de lo posible, a la luz de los seres humanos, y no como mera propiedad. Como tales, se ven afectados por nuestras leyes y tienen interés en ellas. Puede considerarse que forman parte, aunque degradada, de las familias a las que pertenecen.