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Ningún cliente ha tenido dinero suficiente para sobornar a mi conciencia o para detener su expresión contra el mal, y la opresión. Mi conciencia es mía - mis creadores - no del hombre. Nunca hundiré los derechos de la humanidad en la malicia, el error o la avaricia de los deseos de otro, aunque esos deseos vengan a mí en la relación de cliente y abogado.