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Una cosa que me ayuda es darme permiso para escribir mal. Me digo a mí mismo que voy a escribir mis cinco o diez páginas pase lo que pase, y que siempre puedo romperlas a la mañana siguiente si quiero. No habré perdido nada: escribir y romper cinco páginas no me dejará más atrás que si me hubiera tomado el día libre.