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  • En primer lugar, no somos criaturas solitarias y, en segundo lugar, estamos profundamente imbricados en la vida de los demás. Es muy fácil olvidarlo y caer en una falacia atomista, en la que pensamos que todo lo que tenemos que hacer es estudiar los componentes individuales de un sistema para comprenderlo. Esto no es así en el caso de los sistemas sociales.