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La masa de la humanidad no ha nacido con sillas de montar a la espalda, ni unos pocos favorecidos con botas y espuelas, listos para cabalgar legítimamente, por la gracia de Dios.
La masa de la humanidad no ha nacido con sillas de montar a la espalda, ni unos pocos favorecidos con botas y espuelas, listos para cabalgar legítimamente, por la gracia de Dios.