-
No naciste culpable. Naciste audaz y juguetón. Luego olvidaste quién eres y lo que mereces. Cuando recuerdes quién eras antes de aprender a pedir perdón por pedir, tendrás todo lo que quieras.
No naciste culpable. Naciste audaz y juguetón. Luego olvidaste quién eres y lo que mereces. Cuando recuerdes quién eras antes de aprender a pedir perdón por pedir, tendrás todo lo que quieras.