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Cuando las almas delicadas y sensibles se separan, no hay un rasgo en el cielo, ni un movimiento de los elementos, ni una aspiración de la brisa, que no insinúe algún motivo de aprensión para el enamorado.
Cuando las almas delicadas y sensibles se separan, no hay un rasgo en el cielo, ni un movimiento de los elementos, ni una aspiración de la brisa, que no insinúe algún motivo de aprensión para el enamorado.