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Ya deberíamos haber aprendido que las leyes y las decisiones judiciales sólo pueden señalar el camino. Pueden establecer criterios de lo que está bien y lo que está mal. Y pueden proporcionar una base para erradicar los males de la intolerancia y el racismo. Pero no pueden borrar siglos de opresión e injusticia, por mucho que lo deseemos.